Opinión Invitada: Lucha interna por el poder en China, crisis económica y el futuro de la segunda superpotencia global
La 17a reunión del grupo de los BRICS+, celebrada en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, tuvo como objetivo geopolítico definir las estrategias a implementar para el fortalecimiento del Sur Global y reforzar el papel del bloque como contrapeso estratégico al grupo del G7. Sin embargo, el foco de atención se centró en la ausencia del presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, quien por primera vez en más de una década no participó en las discusiones desarrolladas por dicho foro. Lo que ha generado diferentes conjeturas sobre la situación política, económica y social interna que atraviesa actualmente el país asiático.i
China, a pesar del crecimiento económico sostenido que ha evidenciado en las últimas décadas, en la actualidad atraviesa una compleja crisis económica caracterizada por la convergencia de varios factores estructurales que están provocando una desaceleración, como lo indica el artículo “La economía de China crece 5,2% en el segundo trimestre, pero muestra señales de desaceleración” (Reporte Asia, 2025). En primer lugar, el colapso del sector inmobiliario que viene arrastrando un déficit de USD 18 billones de dólares desde el 2021, afectando la estabilidad financiera del país. En segundo lugar, el índice PMI (Purchasing Managers’ Index) que mide el estado del sector de la manufactura, ha reflejado una desaceleración industrial y una caída del consumo interno. Y finalmente, el endeudamiento total (Gobierno Central, local, empresas estatales, privadas y hogares), que alcanza casi el 300% de su PIB.
El conjunto de estos elementos ha generado un efecto dominó en otros sectores claves de la nación, produciendo descontento social y cuestionamientos al modelo político/económico. El segmento poblacional joven y la clase media urbana son los más insatisfechos, pues observan que el modelo de desarrollo que predomina ya no les garantiza estabilidad y movilidad social, lo que ha permitido el surgimiento de movimientos sociales como el “Tang Ping” y “Bai Lan”, que reflejan una crítica generacional al sistema impulsado por el Partido Comunista y una ruptura simbólica con los valores tradicionales de esfuerzo, sacrificio y progreso material, como lo refleja el artículo “Qué es “tan ping”, el movimiento social nacido de la pandemia en China y por qué preocupa al presidente Xi Jinping” (El Comercio, 2024).
La situación económica ha debilitado la figura del presidente Xi debido a las recientes críticas sociales y a las tensiones a lo interno del Partido Comunista. Esto ha generado el surgimiento de un movimiento denominado “des-Xi-ficación”, tendencia política no oficial, impulsada por sectores reformistas y tecnocráticos, como la Liga de la Juventud Comunista asociados históricamente al expresidente chino Hu Jintao. Esta tendencia busca revertir la excesiva concentración de poder en la figura de Xi, desmontar el culto a su personalidad y reintroducir mecanismos de gobernanza colectiva, evitando así la toma de decisiones de Estado con un carácter personalista. “El liderazgo del presidente Xi ha implicado una ruptura con el modelo de conducción colegiada tradicional, consolidando un poder personalista que debilita los contrapesos institucionales y genera resistencias en el partido” (Sergio M. Cesarin, 2021).
El expresidente chino Hu Jintao no ha expresado, pública o privadamente, su descontento u oposición al modelo político de Xi, a pesar del evento ocurrido en la celebración del XX congreso del Partido Comunista Chino en octubre 2022, que se ha interpretado ampliamente como una ruptura a su legado. Sin embargo, el modelo de Hu, centrado en el crecimiento económico, la toma de decisiones colegiadas y un enfoque tecnocrático, sigue siendo una referencia para sectores del partido que rechazan el personalismo extremo impulsado actualmente.
El presidente Xi, sin embargo, sigue llevando a cabo sus purgas bajo la sombrilla de una lucha contra la corrupción, tanto de adversarios políticos como aliados, lo que refleja una práctica ya utilizada en el pasado por otros lideres, con el objetivo de “eliminar no solo a enemigos, sino también a antiguos aliados que podrían acumular poder propio” (Guoguang Wu, 2025), tratando de evitar la conformación de facciones y grupos que promuevan posibles tramas en su contra.
El peso geopolítico de alianzas como el bloque de los BRICS+, que según los datos del “World Economic Outlook Database del FMI”, representa aproximadamente el 40,4% del PIB mundial, hace que cualquier cambio en la estabilidad del liderazgo chino, altere considerablemente el equilibrio del poder global. Esto pudiera reconfigurar la competitividad entre potencias en regiones claves como el Indo-Pacífico o en megaproyectos como la iniciativa de La Franja y La Ruta, afectando a socios estratégicos en Asia Central, Medio Oriente, África, Europa y América Latina, que cada vez más dependen de su estabilidad y recursos, por su papel clave en la cadena de suministro global como segunda economía del mundo.
La combinación de tensiones internas, crisis económica y desafíos geopolíticos colocan a China en una situación compleja. Su influencia y peso a nivel global estarán supeditadas a la madures de su liderazgo, las decisiones que asuman y de su estabilidad política interna. Si su factor político falla en esta tarea, las consecuencias podrían ser profundas para el país y el equilibrio global
Fuente: Yeudy Maldonado Báez (Politólogo y Comentarista en Geopolítica).

