Opinión Invitada: El Gobierno cambia, el Estado permanece
Una sociedad que entiende esta diferencia puede exigir gobiernos capaces de administrar el presente, pero también de pensar y construir el futuro.
Cada cierto tiempo, en República Dominicana, la conversación política vuelve a concentrarse en quién llegará al Gobierno. Hablamos de candidatos, partidos, figuras nuevas y conocidas. Es natural que una sociedad quiera cambiar aquello que no funciona, pero quizás estamos dejando pasar una pregunta más importante: ¿qué entendemos realmente por gobernar?
Juan Bosch dedicó parte importante de su pensamiento político a explicar una diferencia que todavía necesitamos comprender mejor: Gobierno y Estado no son lo mismo. El Gobierno es transitorio y administra el Estado, mientras el Estado tiene una continuidad que trasciende los períodos electorales. Las decisiones de un Gobierno, sin embargo, comprometen al Estado y pueden tener consecuencias mucho más allá del tiempo que permanezca en el poder.
¿Por qué importa tanto comprender esta diferencia? Porque cuando confundimos Gobierno con Estado, podemos terminar creyendo que cada cuatro años comienza un país nuevo. Cambian las autoridades y, algunas veces, parece que también debemos borrar todo lo que hizo quien estuvo antes. Una sociedad madura debería actuar de otra manera: reconocer lo que funcionó, corregir lo que salió mal y continuar aquello que sea útil para la gente, sin importar quién lo haya iniciado.
Hemos tenido presidentes y gobiernos que han trabajado para enfrentar los problemas del país, han impulsado obras y políticas importantes y han dejado aportes que hoy forman parte de nuestra historia. También han cometido errores y tomado decisiones que pudieron hacerse mejor. Pero el aprendizaje no debería ser empezar de cero cada vez que cambia el Gobierno. Debería ser acumular experiencia.
Y esa responsabilidad no corresponde solamente al Presidente. Quien asume la dirección de una institución pública también tiene la responsabilidad de conocer lo que recibe antes de decidir qué hará con ello. Debe revisar los programas, los proyectos en marcha, los compromisos asumidos, los recursos invertidos y los resultados alcanzados. No todo lo anterior estará bien, pero tampoco todo estará mal. El problema aparece cuando cada nuevo funcionario entiende que para hacer las cosas a su manera tiene que comenzar nuevamente, sin valorar lo que ya existe ni el dinero que el Estado ha invertido.
Cambiar por cambiar no es administrar. Administrar lo público significa mejorar lo que funciona, corregir lo que no funciona y evitar que los recursos de todos vuelvan a gastarse en hacer lo mismo simplemente porque cambió quien está al frente. Aquí también aparece una responsabilidad ciudadana. La formación política debe ayudarnos a comprender el país en que vivimos, sus instituciones y sus problemas. Bosch consideraba fundamental la educación política del pueblo para comprender la historia, analizar el presente y proyectar el futuro. Hoy podemos asumir esa enseñanza como un llamado a fortalecer nuestra formación política y nuestra capacidad para participar con mayor responsabilidad en la vida pública.
Y eso tiene mucho que ver con nuestros jóvenes y nuestras mujeres. Necesitamos que más personas se preparen para asumir responsabilidades públicas, no solamente para ocupar cargos, sino para comprender lo que significa administrar una parte del Estado y tomar decisiones que afectan a millones de dominicanos. La política necesita personas capaces de trabajar en equipo, escuchar posiciones distintas y construir soluciones que puedan mantenerse más allá de una campaña electoral.
Los grandes problemas del país tampoco pueden resolverse pensando solamente en el próximo período. Educación, salud, seguridad, agua, transporte, vivienda, producción y empleo necesitan políticas que tengan continuidad, evaluación y capacidad de mejorar con el tiempo. Un Gobierno puede tener cuatro años para actuar, pero una nación tiene generaciones por delante.
Tal vez por eso necesitamos cambiar parte de nuestra conversación política. No se trata solamente de preguntarnos quién gobernará, sino qué está dispuesto a continuar, qué quiere transformar, cómo piensa hacerlo y con quién. Y nosotros, como ciudadanos, debemos exigir que esas respuestas se conviertan en resultados.
Los Gobiernos pasan. Las instituciones deben permanecer. Los problemas cambian y las soluciones pueden mejorar, pero la responsabilidad de construir una República Dominicana mejor nos pertenece a todos.
Porque gobernar no debería ser solamente administrar cuatro años. Debería ser asumir, por un tiempo, la responsabilidad de construir un país que seguirá siendo nuestro cuando ese Gobierno termine.
Fuente: Asiaraf Serulle

