Opinión Invitada: Santiago y la responsabilidad de construir el futuro
«El abogado Asiaraf Serulle, especializado en Derecho Societario, Propiedad Intelectual y Telecomunicaciones nos habla sobre las oportunidades, retos y desafíos que enfrenta Santiago»
Quienes han seguido mis artículos saben que con frecuencia he escrito sobre educación, oportunidades, productividad, desarrollo y sobre los desafíos que enfrenta Santiago. Son temas distintos, pero todos conducen a una misma idea: las grandes transformaciones no ocurren por inercia, sino cuando una sociedad decide trabajar unida en torno a objetivos comunes y cuando cada sector asume con seriedad la parte que le corresponde.
En ese contexto, recibo con optimismo la firma del Pacto por una Mejor Ciudad. Más allá del documento, de las instituciones firmantes o de los compromisos anunciados, lo verdaderamente relevante es el mensaje que se envía: Santiago continúa mostrando una capacidad notable para reunir actores diversos en una misma mesa y proyectar, con visión compartida, el rumbo de su desarrollo.
Los avances que ha logrado la provincia no han sido producto del azar. Han sido el resultado del esfuerzo sostenido de empresarios que han apostado por invertir y generar empleos, de universidades que han formado generaciones de profesionales, de instituciones que han impulsado iniciativas clave y de una sociedad civil que ha contribuido durante años a pensar y planificar el desarrollo provincial.
A ello se suma la fuerza silenciosa, pero decisiva, de miles de ciudadanos que cada día sostienen la economía local: el trabajador de zona franca, el chofer, la enfermera, el maestro, el pequeño comerciante, el emprendedor, quien administra un colmado, quien opera un taller o quien lucha por mantener en pie un negocio familiar. Todos ellos representan la energía real que mantiene en movimiento a Santiago y que merece una ciudad cada vez más organizada, competitiva y llena de oportunidades.
Sin embargo, también es necesario hablar con claridad. Santiago cuenta con una larga tradición de planificación. Existen diagnósticos, estudios y propuestas que durante años han identificado con precisión muchos de los retos que enfrentamos. Esa capacidad de pensar el futuro ha sido una fortaleza. Pero el desafío de esta generación no es seguir produciendo documentos, sino convertir las ideas en resultados concretos.
El verdadero valor de este pacto no se medirá por la cantidad de firmas que contenga, sino por su capacidad de ejecución, seguimiento y cumplimiento. De poco sirve el consenso si no se traduce en acciones verificables que impacten la vida de la gente.
Cuando se habla del futuro de Santiago no se trata únicamente de infraestructura, inversión o crecimiento económico. Se trata, sobre todo, de calidad de vida: del joven que busca formarse para acceder a mejores oportunidades, de la madre que sostiene su hogar con esfuerzo diario, del emprendedor que apuesta por crecer y del empresario que sigue confiando en la provincia como espacio para generar empleo y desarrollo.
Santiago necesita continuar creciendo, pero con orden. Una ciudad donde la planificación tenga más peso que la improvisación, donde las reglas se respeten, donde las instituciones funcionen con responsabilidad y donde las decisiones estratégicas respondan a una visión de largo plazo y no a la urgencia del momento.
«Creo firmemente en Santiago. En su gente trabajadora, en su capacidad de emprendimiento, en sus profesionales, en sus jóvenes, en sus empresarios y en sus instituciones. Precisamente por eso, el mayor deseo es que este pacto no se quede en un acto simbólico, sino que marque el inicio de una etapa donde ejecutar sea tan importante como planificar, y donde el compromiso con los resultados sea tan fuerte como el compromiso asumido en la firma»
Las grandes transformaciones no ocurren cuando se firma un acuerdo. Ocurren cuando existe la voluntad real de hacerlo cumplir. Y si algo ha demostrado Santiago a lo largo de su historia, es que cuando su gente se une alrededor de un propósito común, no hay desafío que pueda detener su avance.
Fuente: Política con Propósito

